Ya conocemos los relatos ganadores del Concurso de Relato Navideño de Peñagrande 2025, una iniciativa impulsada por la Asociación Vecinal Islas de Peñagrande y patrocinada por La Vaguada y Alcampo que, un año más, ha vuelto a reunir a vecinos y vecinas de todas las edades en torno a la escritura y la Navidad. Tras varios días de votación pública, y con una participación muy destacada tanto en la categoría juvenil como en la de adultos, estos son los seis textos que han logrado conquistar al público.

Categoría Adulto

Primer premio: “Luces de Navidad”, de Carmen Alicia Sánchez Sánchez

Nunca sentí devoción por la Navidad. Mis padres se separaron cuando yo era niña y algo se rompió para siempre. Recuerdo la siguiente Navidad: mi madre entró en el salón anunciándonos una sorpresa. En mi cabeza volaban vertiginosamente ideas dispares… una gran tarta, un abrigo de terciopelo rojo, una mascota… Decepción: era mi padre. Apareció en el umbral del salón y el aire se volvió áspero. No hubo alegría, solo una certeza silenciosa: ya no le quería. Y eso nunca más cambió. Él continuó su vida lejos de nosotros. Siguieron las llamadas breves, forzadas y absurdas. Él fue desapareciendo y yo me alegré por ello.
Ahí comprendí algo esencial: la Navidad exige respeto. Son fechas mágicas, por supuesto. Cuando formé mi propia familia, pude vivir esa ilusión a través del brillo de diamantes de los ojos de mis hijos. Soy afortunada y muy feliz. Pero también son fechas que, para muchos, duelen, porque cada persona tiene su pasado, su duelo, sus ausencias importantes que hieren. Por eso, más que celebrar sin medida, la Navidad debería ser, ante todo, un acto de acompañar con ternura, con la certeza de que no todas las historias brillan igual bajo las luces de Navidad.

Segundo premio: “La barriga de mamá”, de Pilar Gómez Mariblanca

Ha venido papá a buscarme al colegio antes de la hora. Dentro olía a chocolate caliente y todos llevaban jerséis navideños, con renos, estrellas y luces que parpadeaban. Me pareció raro salir tan pronto, pero también me gustó.
En el parque papá me dijo que mamá no estaría en casa. El bebé que iba a nacer había muerto dentro de su barriga, me encanta la barriga de mamá.
Vendrán la yaya y la tía a quedarse conmigo unos días. Mamá estaba en el hospital. No termino de entender cómo muere alguien que no ha nacido, aunque en algunos cuentos me lo explican.
Cuando murió el yayo lo enterraron bajo tierra. A veces vamos a verlo al cementerio en el pueblo. Pero a este bebé ¿dónde tendríamos que ir a verlo?
Dos días después fui al hospital. Mamá parecía más pequeña. No me gustó.
Al día siguiente volvió a casa. La tía y yo le hicimos una cenefa de bienvenida.
Mamá me abrazó fuerte pero estaba triste por todo lo ocurrido con el bebé.
Yo no dije nada.
Ya había decidido qué pedirle este año a Papá Noel.

Tercer premio: “Semáforos”, de Elena Flores Ramírez

No hay mejor lugar para un reencuentro que Madrid abarrotada. Un concierto de pitidos de coche desconcierta a cualquiera y, en concreto, a quien añora el silencio del verano de Madrid. Penélope lucha con violencia por cruzar el paso de peatones. Una ola de personas a contracorriente se lo impide. Choca. Caen y se desvanecen con la lluvia los tickets que lleva en el bolso. Mira hacia arriba: Lucía. Se abrazan, se dan dos besos. No se ven desde aquel verano en el pueblo hace veinte años. Lucía dice: “Te iba a mandar una postal, era mi regalo de Navidad”. Penélope dice: “Iba a ir al pueblo, te quería dar una sorpresa”. Después de veinte años. Ambas se admiran por un momento. Recuerdan, quizá, lo difíciles que eran las Navidades entonces. Besos helados, muertas de frío, lejos de la luz de las farolas. Mentir a sus padres, mentirse a sí mismas. “Qué guapa estás, Lucía”. El semáforo se pone en rojo. Los coches gritan más fuerte. Salen corriendo en direcciones opuestas. Se miran un segundo antes de perderse de vista. Sonríen. No se han dado los teléfonos.

Categoría Juvenil

Primer premio: «Corazón de Cristal», de Aitana Escura Lozano

Tengo muchos hermanos. En Navidad no hay muchos regalos. Mamá dice que es porque somos muchos, pero yo creo que es porque Papá Noel no nos quiere. Dormimos todos juntos en muchas camas, pero es divertido, aunque algunos roncan. Por las mañanas vamos al colegio y por la tarde hacemos los deberes y jugamos entre todos.
Hay veces que algunos se los llevan otros papás y les dejamos de ver. Mamá nos dice que ahora tienen una vida muy divertida, aunque siempre nos van a echar de menos. Algunos vuelven llorando durante días, aunque luego se recuperan. A mí nunca me han llevado; no sé lo que pasa.
Siempre he querido que llegue Navidad. Es muy divertido aquí: siempre estamos felices en estas épocas y decoramos nuestra habitación entera entre todos. Ponemos pequeñas decoraciones y en el cole, la última semana, hacemos cosas muy divertidas. Siempre me lo paso bien.
Lo que más me gusta es ir al árbol lleno de regalos, aunque sean pocos. A mí siempre me tocan calcetines o alguna muñeca, pero siempre me gustan; los tengo coleccionados.
Lo que más me gusta es poder cenar todos juntos algo rico, como carne, porque la Navidad para mí es el amor que recibimos, no los regalos, y mi familia no podría ser mejor.

Segundo premio: «El regalo invisible«, de Miguel Salas Palomo

En mi casa, cada Navidad aparece un regalo sin nombre debajo del árbol. Siempre es pequeño y nadie recuerda haberlo puesto ahí.
Este año decidí abrirlo yo.
Dentro, no había nada. Solo una nota que decía: “Mira alrededor”.
Al principio me enfadé. Pensé que se estaban riendo de mí. Pero entonces empecé a mirar mejor: mi padre cantando villancicos fatal, mi madre quemando las galletas y riéndose, mi abuela aplaudiendo como si fuera un concierto. Mi tía me pasó una manta sin decir nada.
Entonces lo entendí.
El regalo no era para uno solo. Era para todos. Y solo duraba esa noche.
A la mañana siguiente, el paquete había desaparecido. Pero yo ya sabía que volvería.
Porque hay regalos que no se guardan. Se recuerdan.

Tercer premio: “El Milagro de Sergio en Nochebuena”, de María Martín Arroyo

La pequeña Nina solía pasar el tiempo con su hermano Sergio. Los dos jugaban siempre juntos; con mucho amor y mucha alegría.
Pero un día, de repente, Sergio cayó enfermo, y cada día empeoraba más. Esto hizo que Nina jamás volviese a salir de su oscura habitación.
El día de Nochebuena, tres figuras de aspecto humano aparecieron en la puerta de Nina.
– ¿Quiénes sois? – ella se asustó, pues nunca había visto a nadie igual.
– Yo soy Esperanza. – dijo la más pequeña.
– Yo me llamo Alegría. – dijo otra más alta.
– Y yo, Navidad. – explicó la más grande de todas.
Era la segunda Nochebuena sin Sergio; pero esta vez, las tres extrañas figuras se sumaron a la cena.
Y a la mañana siguiente, no había nada debajo del árbol. Esto extrañó mucho a Nina; pero al girarse, estaba en frente de ella el mejor regalo de su vida.
Sergio, por fin sano; y feliz.
Nina se lanzó a sus brazos, y él sonreía sin cesar. Sus padres, llorando, también se abrazaron; y abrieron todos los regalos juntos.
Aquel milagro solo podía ocurrir en un tiempo tan mágico como la Navidad.

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